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Terra
La Coctelera

Fútbol Profesional Colombiano

Nunca me habian gustado los videojuegos de fútbol. Desde aquel juego en el Atari 2600, que no se como se llama pero al cual recuerdo porque en el intermedio salían unas porristas vestidas de rosado, muy animadas por cierto (algo que nunca hemos presenciado en un Fifa de EA o en algún Pro Evolution Soccer de Konami), en el que me tocaba aguantar las mas humillantes goleadas por parte de mi hermano, quien por esa época no tenía más de 5 años.

Igual suerte corrí en consolas más modernas. Las verguenzas que pasé en los 8 bits se trasladaron a través de los años a los 16, 32, 64... parecía que el aumento en bits era directamente proporcional a los goles que permitía mi equipo. Sufrí demasiado por culpa de esta clase de videojuegos. Mis amigos en el colegio y universidad organizaban mini torneos, y todos rezaban para que yo quedara en su grupo... como no, eran tres puntos fijos, una especie de comodín.

Con la llegada de las consolas de última generación, hablando específicamente del XBOX de Microsoft, el negro, el numero 1, el original, el que parece un betamax viejo, como quieran llamarlo, sentí que era hora de ponerle fin a esta situación. Salí decidido de mi casa a comprar el simulador de fútbol más avanzado que existía: Pro Evolution Soccer 4 de Konami. Teniendo en cuenta que mis últimas referencias habían sido los acartonados Fifa y Winning Eleven del PlayStation 1, por supuesto que me maravillé con las gráficas, las animaciones, las facciones de los jugadores, el comportamiento de los mismos dentro del terreno de juego, en fin, muchas cosas que existían de forma deficiente en consolas anteriores. Recuerdo ahora juegos como Super Star Soccer, con sus pintorescas imitaciones (Fútbol Peruano, Fútbol Colombiano...) donde los goles se hacían siempre de la misma forma; con precisión matemática, lo único que había que hacer era aproximarse a las 5.50, proyectarse hacia un costado y rematar al arco sin piedad. Nunca fallaba. Quizás eso era lo más triste. Era como saber las respuestas de un examen, hacerlo y perderlo.

El juego de Konami es un buen juego. A pesar de sus virtudes, tiene un pequeño problema gráfico que pienso que no hizo parte de las preocupaciones de los programadores por tratarse de algo tan insignificante y oculto a la vista de cualquier videojugador desprevenido: ¡¡ LA CANCHA !! Si señores, así como lo leen, la simulación del propio terreno de juego es una completa verguenza. Lo único que le falta es que apareciera pixelada o algo parecido. Me gustaría ver algún día en un juego de fútbol texturas como las que vimos en el primer Halo de Microsoft, donde bajar la cámara y enfocar el pasto era algo sorprendente.

Pero bueno, lo importante no era si Ronaldinho (Jar Jar Binks??) se parecía a Ronaldinho, si Zidane (ex-Harry Potter, porque no he visto ni leído que este mago la emprenda contra Voldemort a cabezazos) era capaz de definir un partido con una volea similar a la de la final de la Champions League... no, aquí la cuestión era ganar como sea.

Empecé a jugar con referencias técnico-tácticas de partidos como Millonarios-Huila, Chicó-Envigado, Pasto-Quindío, y otros superclásicos de nuestro fútbol, que aunque no lo crean está o estuvo, la verdad no me interesan las estadísticas de la FIFA, entre las 10 mejores ligas de fútbol del mundo. Rápidamente me dí cuenta que mi estilo de juego no daba resultado. Así de rápido comprendí el por qué.

Simplemente, porque en este videojuego, al igual que en la vida real, se busca ganar los partidos, proyectarse hacia adelante, hacer rápido el juego, evitar la lateralización del mismo, es decir, se busca llegar al gol, porque hasta donde yo se así se ganan los partidos. Como dijo alguna vez el gran filósofo Thierry Henry, que con su gran sapiencia nos legó la siguiente frase: "Algunas veces en el fútbol, hay que anotar goles". No me digas, querido amigo francés.

Señores futbolistas colombianos: espero que se hayan visto el Mundial, que aunque algunos periodistas hayan dicho que fue aburrido, con planteamientos tácticos tacaños y prácticamente sin jugadores sobresalientes, personalmente considero que el nivel fue bastante bueno, con planteamientos clásicos pero efectivos como el 4-4-2 (donde están los que dijeron después del Mundial de Francia 98 que eso estaba mandado a recoger), quedó demostrado que un futbolista no se jubila a los 30 años -hasta donde tengo entendido, el árbitro no le pide cédula a los jugadores- y que los partidos deben buscarse y no dejárselos a la suerte.

Sólo como un dato anecdótico sin relevancia, me resta decirles que sigo siendo igual de malo para los videojuegos de fútbol, pero gracias a ellos entiendo mejor este deporte.

No apto para menores de edad

Cuando la sociedad emulaba a la perfección videojuegos como Medal of Honor, inconcebibles para esa época, yo presenciaba estupefacto frente a un viejo televisor (ya era viejo en ese momento) las imagenes de unos pequeños marcianos pixelados. No entendía que estaba pasando. Alguien, en poder de una palanca sobre una base en donde sobresalía un boton rojo, era el verdugo de cientos de ellos, que sin ningún asomo de inteligencia artificial se arrojaban a la muerte.

A medida que el juego avanzaba, parecía que los marcianos tenían mas ganas de morir, porque aceleraban el triste proceso de su vida: el pequeño transcurso desde su aparición en la parte superior de la pantalla hasta su encuentro con una bala mortal.

A partir de ese momento, entendí que a pesar de tener 5 años era capaz de controlar un mundo nuevo, ignorando que iba a ser testigo de un ascenso vertiginoso de las situaciones que se intentaban simular.

Aqui empieza una nueva aventura, una nueva plataforma, donde intentaremos atacar al simio y rescatar a la princesa.